Despedida
Con cierta regularidad (habiendo faltado en un par de ocasiones a mi compromiso), he publicado algunas reflexiones que me ha suscitado el periodismo, una carrera que elegí hace cinco años y a la que ahora, quiera o no, me veo abocado. Leí en un artículo de opinión publicado en El Comercio (de Perú) la reflexión de un estudiante de esta profesión decadente en la que señalaba la ignominia de los nuevos egresados que eran incapaces de dar rienda suelta a su curiosidad, y que se escudaban detrás de notas de prensa, correos y demás informaciones de segunda mano. No se puede negar que existan tímidos entre los periodistas, pero el trabajo lo empuja a uno fuera de la zona de confort para sacar las mejores piezas. De lo contrario, el periodismo se blanquea, se vuelve más «amable» (no digo que no tenga que serlo) y deja de incomodar.
Resulta naíf pensar que algún día las portadas de las grandes cabeceras sean predominantemente positivas, y creo que eso es bueno. Hay que contar lo extraordinario, lo que quiere decir, que en el fondo confiamos en que lo bueno es ordinario y, por lo tanto, no llama la atención porque las noticias se repetirían una y otra vez. Los grandes momentos periodísticos suelen llegar de la mano de un escándalo, ante el descubrimiento de una verdad incómoda. Pero llegar a ella no significa esperar a que los actores de la vida pública cometan un error, porque entonces sería tarde. Si algo va mal y no se han señalado responsables, entonces la situación es peor de lo que pensamos. Si por el contrario, abundan las acusaciones (fundadas, entiéndase), juicios y condenas, nos encontramos con buenas noticias: la justicia funciona.
Reivindicar la vigilancia como una de las misiones del periodismo pasa por reconocer que uno mismo no siempre da cuenta de sus errores hasta que lo considera estrictamente necesario como una estrategia de reputación, por lo que también supone volver a traer a colación el atrevimiento de quienes lo ejercemos. Dejarse vencer por el miedo o la vergüenza resulta contraproducente para toda la cadena de la comunicación.

